sábado, octubre 07, 2006

Crítica: "El príncipe de los ladrones"


Director: Richard Claus

Intérpretes: Rollo Weeks, Aaron Johnson, George MacKay, Alice Connor, Lathaniel Dyer, Jasper Harris, Jim Carter, Caroline Goodall, Alexei Sayle, Bob Goody, Carole Boyd, Robert Bathurst, Vanessa Redgrave, Geoffrey Hutchings
Estreno en España: 6 de octubre de 2006

Le damos un 5


Los ingredientes no han sido aprovechados al máximo por el realizador encargado de adaptar este título, convertido ya en clásico a pesar de llevar poco tiempo en las estanterías.

Hay ciudades con encanto natural en las que es muy fácil ambientar una historia de ficción y Venecia es una de ellas. A priori el 50% del trabajo ya está hecho, pero antes de que los cineastas se lleven las manos a la cabeza diremos que sin personajes y trama cuidada no hay nada.

Cornelia Funke lleva unos cuantos años dando excelentes muestras de literatura infantil y juvenil. Heredera de Michael Ende (La historia interminable, Momo) y C.S. Lewis (Las crónicas de Narnia) consigue exprimir el filón inagotable de las correrías de pandilla, en esta ocasión por calles y canales de la de por si mágica ciudad italiana y su desconocida laguna. A los niños les gusta imaginarse como pequeños aventureros así que con este título van a disfrutar mucho. Los adultos que les acompañen quizá algo menos, pero siempre se pueden entretener viendo Venecia.

No es que resulte demasiado aburrido este compendio entre síndrome de Peter Pan y reminiscencias a Robin Hood, pero el conjunto se presenta algo soso: el director se limita a hacer un perfecto trabajo de realización sin hacer algarabías y tampoco se esmera en dotar de gracia algunas secuencias que presuponen serlo. Y carrera tras carrera, hechizo por aquí y dilema moral por allá, los minutos se hacen demasiado largos.

En términos menos plásticos, y destacando de nuevo el posible interés entre los más pequeños, si que cumple esta producción con los principios que vieron nacer el proyecto: se trata de cine europeo trasnacional, con director germano –que trabaja de tanto en tanto-, actores ingleses y plan de rodaje a medias entre Venecia y Luxemburgo, donde se recrea parte de la ciudad de los canales.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicada en LaNetro.com.

Crítica: "Las partículas elementales"


Director: Oskar Roehler

Intérpretes: Moritz Bleibtreu, Christian Ulmen, Martina Gedeck, Franka Potente

Estreno en España: 6 de octubre de 2006


Le damos un 7,5

Llevar un libro al cine es fácil, hacerlo bien ya es más complicado. Como en todas las adaptaciones, debemos tomar la novela de Michael Houellebecq como producto distinto a esta interesante y franca cinta.

Es directa e incómoda porque presenta las cosas como son y la vida, por lo general, es muy dura. El experimento también resulta curioso porque su director juega con ideas y sentimientos más que con hechos.

No es el primero que lo hace por lo que el camino ya ha sido algo allanado en cuanto a obstáculos se refiere. Luchino Visconti consiguió trasladar a imágenes los paisajes de la mente creados por Thoman Mann con ocasión de Muerte en Venecia. Ejemplo a un lado, Roehler se agarra al existencialismo y al humor negro a la hora de manejar cuatro títeres deudores de las carencias o excesos de sus progenitores en un teatrillo realista.

Dos hermanos atípicos vuelven a tener contacto después de muchos años separados. Uno busca un cambio a su metódica rutina mientras el otro se lamenta de llevar una existencia sin hitos. Los dos siguen por caminos diferentes pero la suerte les sonríe en un momento determinado. El mensaje inherente es que ellos son responsables de su felicidad: sólo la tendrán si son capaces de no apartar la mirada y devolver el esbozo de mueca. El director nos plantea el mismo juego así que, por nuestro bien, no dejemos escapar la atención.

Al principio no sabes por dónde va la cosa, aunque luego entras con soltura en las cuatro vidas entrelazadas, deteniéndonos frente al personaje más complejo y débil, un ser que se ha dado cuenta de que lleva demasiado tiempo siendo infeliz. Con situaciones a medio camino entre el patetismo y la parodia, la película destila humor a partir de la naturaleza más ruda de las cosas. Dedicada a todos aquellos que piensan que al crecer se disipan los miedos y los problemas.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

Crítica: "Los Borgia"

Director: Antonio Hernández


Intérpretes: Sergio Peris Mencheta, Lluís Homar, María Valverde, Paz Vega, Ángela Molina, Sergio Muñiz, Eloy Azorin, Roberto Álvarez, Linda Batista, Antonio Dechent, Roberto Enríquez, Diego Martín, Eusebio Poncela.


Estreno en España: 6 de octubre de 2006
Le damos un 6


Los artesanos del cine español vuelven a poner en liza su capacidad para realizar una digna producción capaz de cumplir con objetivos comerciales al tiempo que hace justicia al rigor histórico.


Ya que sabemos que podemos competir con Hollywood, lo único que falta es mayor implicación artística en ciertos títulos que parecen auspiciados sólo por la cuota de participación televisiva en nuestro cine.

Ahí está el hecho de que el director de Los Borgia se sumase al proyecto cuando ya iba encarrilado. Si funciona en pantalla, esto no tiene que ser un inconveniente, aunque al ser un trabajo de encargo, algo apresurado, no se nota su mano. En cambio sí se aprecian los años de oficio. Puede que vayamos por el camino de hacer grandes y costosas películas sin que eso influya en una pérdida de obras de autor: nada tiene de malo que tengamos al inteligente y creativo Hernández de En la ciudad sin límites y al metódico y diestro realizador de Los Borgia.

Las intenciones son mejores que el resultado final de este filme donde la alta calidad artística y técnica compensa un argumento enrevesado y acelerado, montado con el miedo de que se quedasen asuntos en el tintero. Su vigencia es un punto a favor: es un drama de corte histórico pero el mundo actual no se aleja demasiado de las intrigas y los valores de esta familia valenciana, más humana que la protagonista de la leyenda negra que inspira. Cinco siglos después, la religión sigue rigiendo nuestros designios e impulsa conflictos bélicos y mucho podríamos hablar de la ambición y las ansias de poder.

El recorrido de los personajes es largo y profundo, aunque cualquiera podría decir que con 140 minutos no tiene mérito. Todos conocemos cintas que se hacen eternas con menos duración e historias que no avanzan. El ritmo que le imprime el montaje contribuye a que no nos aburramos con este cuento renacentista alimentado con acción que presenta ciertas carencias en cuanto a la emoción.

Los intérpretes principales cumplen, aunque el catálogo de actores de reparto es demasiado extenso, induciendo a participar en juegos absurdos, prueba evidente de nuestra perdida de interés. Aún así se necesitan películas como ésta, complementarias a cualquier otra con características de producción y promoción similares y cercanas en el tiempo. Sirven para concienciarnos de que es posible que el cine español, en lugar de echarse piedras a su propio tejado, puede ofrecer productos (resaltamos el término productos) competitivos.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

miércoles, octubre 04, 2006

Crítica: "Volver"


Director: Pedro Almodóvar
Intérpretes: Penélope Cruz, Lola Dueñas, Blanca Portillo, Carmen Maura, Yohana Cobo, Chus Lampreave
Estreno en España: 17 de marzo de 2006


Le damos un 8

No defrauda Almodóvar con este ejercicio de cine en estado puro, un relato costumbrista, vibrante y conciso, en el que rebosa el humor, y eso que habla de la muerte.

Deja el listón bien alto, recuperando un tono con el que impregnó títulos característicos de su primera etapa, quedando bien visible la autocita a ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, en concreto a la madre que viene a solucionar asuntos pendientes, y al humor ácido de Entre tinieblas.

Los planos de Almodóvar, estudiados al milímetro, suelen ser cuadros vivos. Pocas veces un plano concentra tanto como los primeros, con todas las mujeres del pueblo en el cementerio, adecentando las tumbas de cara al día de los difuntos. Las vestiduras de las hermanas protagonistas anticipan el acento colorista y luminoso que dominará todo el metraje, lleno como siempre de símbolos eternos en su filmografía (la maternidad, los hospitales, la vecina, etc.) y alguno nuevo, como la mesa camilla.

Nos regala un coro formado por seis personajes contundentes. Por medio de ellos dibuja a las mujeres que recuerda de su niñez en La Mancha, pero lejos de proponerles un fiel reflejo, las asimila y refunde, introduciéndolas en un relato redondo, sorprendente por sus portentosos giros. Entiéndase este apunte como todo lo contrario a los devaneos que le hicieron errar en La mala educación.

Muestra a sus personajes femeninos en toda su intensidad aunque un tanto idealizados, de ahí la soberbia interpretación de Penélope Cruz. Su rol ejerce de columna vertebral aunque ella pone mucho de su parte, dejando atrás su mejor trabajo hasta el momento, el de No te muevas. Consciente de que las marujas españolas tienen algún fleco o connotación peyorativa, Almodóvar ha convertido a Cruz en una casalinga italiana, un ama de casa con carácter y glamour, una mezcla entre la belleza racial de Sophia Loren y el porte atlético de Silvana Mangano.

La acompañan en sus viajes del pueblo a la ciudad -y viceversa- una cercana, y distante al mismo tiempo, Lola Dueñas, Chus Lampreave aprovechada al máximo y una correctísima Yohana Cobo que no se amohína ante tanto portento junto –su presencia en las situaciones surrealistas sirve de anclaje al lado más terrenal de Almodóvar-. Nos cansaremos de oír que Blanca Portillo, "ese animal cinematográfico", es el gran descubrimiento de Almodóvar para la pantalla grande. Lo cierto es que su aportación a la carrera de la actriz es similar a la que en su día hizo a la de Leonor Watling con Hable con ella (y Alejandro Amenábar a la de Dueñas con motivo de Mar adentro). Y no es otra cosa que apuntalar, con mucha destreza, el regreso al celuloide de una actriz que ya era grande en televisión y cine (no olvidemos El perro del hortelano y El color de las nubes) y, sobre todo, enorme en teatro.

Se reencuentra el manchego con las situaciones cotidianas pero llevadas a un extremo histriónico y muy divertido. Cuenta para ello con una de sus musas, con la que hizo sus seis primeras películas. El fructífero y agradecido trabajo de Carmen Maura otorga una dimensión especial, dejando en anécdota (o sueño surrealista, según se mire) una interpretación que en manos de otra actriz hubiera sido un tanto arriesgada.

Bajo una primera apariencia de fábula, Volver es un delicioso trozo de la vida real, un retrato con envidias, rencillas entre hermanas, rencores a flor de piel, luto, teléfonos móviles, zapatillas y rebequitas, muchas rebequitas. Un guiño a la España más tradicional, al barrio y al pueblo en el que hemos crecido la mayoría de nosotros.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

Hablamos con Pedro Almodóvar.

Crítica de "Volver".

Avanzamos... "Volver".

Perfil de Carmen Maura.

Crítica: "V de Vendetta"

Director: James McTeigue
Intérpretes: Natalie Portman, Hugo Weaving, Stephen Rea, John Hurt

Estreno en España: 7 de abril de 2006

Le damos un 8

¿Quién dijo que un producto de entretenimiento no podía ser a su vez un trabajo interesante con carga social y crítica? Llega la revolución al cine comercial hecho en Hollywood.

Aunque es muy probable que V de Vendetta quede en un conato de película con compromiso que no renuncia a las líneas básicas de entretenimiento. Esta correcta versión de la novela gráfica creada en los 80 por Alan Moore (guionista) y David Lloyd (ilustrador) se empapa de una estética plástica sugerente y envolvente que nos lleva hasta un eficiente retrato del adiós a la libertad individual en un mundo imaginario anclado en la realidad. ¿Por qué será que no nos rechina lo suficiente que esta historia sobre tiranía y fanatismos esté ambientada en entornos reconocibles y terriblemente cercanos?

Alegato en pro del poder del pueblo y su levantamiento contra los gobiernos autoritarios, V de Vendetta tiene todos los visos para convertirse en filme de culto. 1984, de George Orwell, Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, y en un tono más relajado, El show de Truman y El club de la lucha –que beben de ellas a su manera-, constituyen sus referentes. Otra de las patas de este filme tiene su origen en los retratos bélicos de opresores y oprimidos ambientados en la ocupación nazi durante la II Guerra Mundial o las fuerzas rebeldes de algunos títulos de ciencia ficción. Y no olvidamos el valor simbólico de nombres como el de Evey (la Eva bíblica) y grafías: "V" de venganza, de valor, de victoria... También "5" en números romanos y la Quinta Sinfonía de Beethoven que tanto gusta al enmascarado.

Política y poética a partes iguales acentúan los ideales de una revolución hechos públicos a golpe de atentado contra los edificios representativos de un Londres gobernado con mano más dura que la de "la dama de hierro". El planteamiento nos lleva hasta un acertado punto de no retorno del que salen con soltura los hermanos Andy y Larry Wachowski. Imposible no avanzar con la vista puesta en el horizonte del cambio y es ese punto vitalista el que impregna de el relevo que V encuentra en Evey.

La emoción carente en el cómic se traslada al audiovisual mediante inteligentes secuencias que contrarrestan los efectos que provocan tanta violencia y oscuridad: un asesinato puede ser bello, al igual que un relato desgarrador de tortura puede ser narrado de manera cálida. Lo que ya no es tan bonito es el miedo que se inyecta en las sociedades occidentales que más allá de propugnar un estado fascista, fomenta una política del terror desde el miedo a lo desconocido, una estrategia que tan bien le funciona a algunos gobiernos de EE.UU. y a ciertos países soberanos de nuestra vieja Europa.

Quienes critican de manera negativa la película, ahondando en el uso desmesurado de la violencia para combatir una dictadura, deben saber que ya lo han hecho otros héroes. Aún así, esta es una historia acerca de ideales y no sobre personajes concretos a partir del enfrentamiento a unos miedos que paralizan toda capacidad de reacción. Aprender de la experiencia de los otros es otro de los mensajes latentes: el ejemplo a seguir es el enmascarado V, victima y villano que, sin ser el personaje central, condiciona la marcha del relato, condicionado por el desarrollo de otros dos ejes clave, el inspector Finch (Stephen Rea) y la joven Evey (Natalie Portman). Ambos realizan una honrosa interpretación que les lleva a su peculiar redención, al igual que Hugo Weaving (Matrix, El señor de los anillos), que dota a su criatura de una expresividad asombrosa a pesar de la máscara que le oculta el rostro, dándole consistencia propia.

En esta ocasión el fin justifica los medios, derribar símbolos para que no se empleen los miedos de las personas como mecanismos de control. Es hora de rebelarse contra la sumisión silenciosa y obediente y ponerse a favor de la idea que resume esta gran e intensa película (y más en los tiempos que corren): los gobiernos deberían temer al pueblo y no al revés. Por si aún lo dudan, debe ser vista. Para su protección.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

Crítica: "Código 46"


Con 2 años de retraso llega esta cinta sobre virus empáticos y violaciones de códigos universales que encierra todo un tratado acerca del amor en un mundo deshumanizado.

A medio camino entre Gattaca –sobre élites e incompatibilidades- y Olvídate de mí –hay cierto paralelismo gracias a frases como ‘¿puedes amar a quien no recuerdas?’-, Código 46 supone otra muesca en la inclasificable filmografía del inglés Michael Winterbottom: no es la mejor ni la peor, es una película más, hecha con dominio de la(s) técnica(s) cinematográfica(s) e imperfecta en cuanto a su variopinta mezcla de géneros y la estructura que sigue.

Juega su carta precisamente a partir de esa combinación de cine negro y ciencia ficción. Además es creíble en cuanto a la cimentación de un mundo aún lejano pero tangible, sin marcianos ni robots, aferrándose a la ingeniería genética y las consecuencias de la clonación. Cinta futurista pero en una naturaleza perfectamente identificable donde los movimientos están controlados por estrictos mecanismos de seguridad impuestos en forma de seguros especiales, exponentes de la globalización que nos espera. En este sentido, pero más poético, el juego con el idioma –francés, italiano, iraní, español- es sólo un guiño anecdótico, aunque invita a ver la versión original.

El futuro está aquí, en las construcciones de asentamientos como Shangai y Dubai, donde la modernidad convive con la tradición... Las ciudades se muestran como oasis en un mundo árido del que sólo puedes salir con papeles. El cineasta no es ajeno a la problemática de la emigración y al control del Estado sobre el hombre; ya con una precisión diferente tocó el tema a través de En este mundo.

Volviendo a sus referentes –los literarios pasan por 1984 y Un mundo feliz- ahí está la cinta de Andrew Niccol protagonizada por Uma Thurman y Ethan Hawke, dos 'in-válidos' en un mundo donde sólo tienen opción de ascenso profesional los válidos; las diferencias entre los seres humanos quedan marcadas aquí por la separación ‘vivir dentro / estar fuera’. Como en Gattaca, Winterbottom trata la manipulación genética desde el thriller, con un detective, Tim Robbins, que se enamora del sujeto a investigar, el personaje interpretado Samantha Morton (la protagonista de Edén, de Amos Gitai, y En América, de Jim Sheridan) de la que sabe aprovechar su increíble fotogenia en primeros planos imposibles en otras actrices.

El escritor Frédéric Beigbeder dejó escrito que El amor dura tres años. En el cine, pocos han estado tan obsesionados por el tema como este joven pero prolífico director que a sus 44 años habla de dos seres con capacidad de amar entre sí, pero coartada por los mundos a los que pertenecen y un ADN que también se ocupa de que no se plantee un romance... ¿Revisión del clásico Romeo y Julieta? Dejémoslo en tratado acerca de la relación entre el sexo y el amor, un sentimiento que aquí dura lo que un seguro, escasas 24 horas.

Iconoclasta en su forma de hacer cine su estilo es, sin embargo, cada vez más personal e identificable. Su progresión le ha ido llevando a cierto desencantamiento ante el mundo, ahora más sosegado y con cierta melancolía que se ve en los ojos de sus dos actores, la misma que se respira en la música... Llegados a esta línea no está de más sugerir un paseo por su heterodoxo terreno: Besos de mariposa, Jude, Welcome to Sarajevo, Wonderland, 24 Hours Party People, 9 songs...

Sin decorados futuristas ni efectos especiales, basta echar un vistazo a nuestro alrededor: el futuro ya ha llegado.

Texto escrito por Daniel Galindo.

Crítica: "Bandidas"

bh